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Poemas Grito de Mujer 2014 Berazategui Argentina

       1 comentario    
Poemas y narrativa de integrantes del Grupo Literario “Almafuerte”, leídos en el IV Festival Internacional “Grito de Mujer” realizado en Berazategui el 16 de marzo de 2014













Graciela Lerici       

S.O.S

Ya hartas de ser las víctimas y nadie hace nada.
Pedimos ayuda y nadie nos escucha.

¿Qué esperan, que nos lleve la parca?
Para encarcelar al carroñero de nuestro cuerpo y nuestra alma.
Ya nosotras no lo veremos, porque estaremos encapsuladas
con vendas de madera  y una capa opaca de tierra colorada.

Mutilan  a niñas y mujeres en el Medio Oriente, África, Colombia…
Extirpándoles el clítoris y los labios de la vagina,
cociéndolos con espinas,
esperando que para ellos sean un apetitoso primer plato.

O por no pensar igual a ellos,
como las tres hermanas de la República Dominicana,
Las Mariposas que las mataron a garrotazos y machetazos.
Y aquí en mi Argentina, está de moda quemarlas vivas
para que esos “machos” apaguen su ira.

No sienten ni un poco de piedad ni remordimiento
 cuando nos rebajan e insultan y sentimos su odio,
 o cuando nos golpean y brota a chorros nuestra sangre
 que recorre igual que un río nuestro ser.

Esos violentos se creen dioses
en estas sociedades machistas.

Pedimos ayuda y nadie nos escucha.

¿Hombres, qué quieren de las mujeres?
Esperan que nos revelemos.
Que en nombre de Dios, de Alá y otros dioses
 les hagamos nuestra guerra santa
y los hagamos nuestros esclavos,
y los usemos como semental o los castremos como perros,
y que apliquemos  la ley del Talión “ojo por ojo, diente por diente”.

¡No! No es eso lo nosotras queremos. ¡Pónganle la firma y el sello!
Sólo pedimos libertad, paz, respeto y sobre todo
ese hermoso sentimiento,
                              ese hermoso sentimiento,
                                                               llamado: AMOR



Marga Mangione


Soy…                                    

Soy mi hija y también mi propia madre,
y la madre de mi abuela y bisabuela.
Soy la madre de mi abuelo y de mi padre,
y mi bisnieta que aún no va a la escuela.

Soy mi ancestro mujer, madre y esposa,
muerta, infeliz, temerosa y golpeada.
Soy el cadáver sin nombre que reposa,
en una tumba oscura y desolada.

Soy la ingenua que un día enamorada,
se entregó a un hombre con fatal candor.
Soy la esposa que aguarda desvelada,
por un marido cobarde y golpeador.

Soy la mujer que oculta sus heridas,
a sus pequeños hijos inocentes.
Soy quien maquilla las marcas repetidas,
y la falta de cabellos y de dientes.

Soy quien escucha ruegos sin sentido,
después de las palizas y los gritos.
Soy quien perdona atrás de haber sufrido,
los dolores más crueles e infinitos.

Soy la que yace destruida y anulada,
sin más culpa que amarlo sin medida.
Soy la loca que camina desquiciada,
del mundo y sus preguntas escondida.

Soy la rica, la pobre, la del medio,
blanca, amarilla, negra o sin color.
Soy la que busca en el azar remedio,
para su incomparable y ruin dolor.

Soy nada más que un inútil capricho,
para aquel que recibió todo mi amor.
Soy la cautiva de un maldito bicho,
que no teme al castigo superior.

Soy un retazo arrugado y deslucido,
vestigio vano de un pasado hermoso.
Soy la que nunca armó su brazo herido,
por no hundirse en un futuro desastroso.     

Soy la que pide a quien pueda remediarlo,
rescate a otras mujeres de este horror.
Soy la que hoy se arrepiente por amarlo,
perdiendo todo por su infausto amor.

Soy nada más la sombra de quien fuera,
porque ya estoy ausente de este mundo.
Soy tan solo una mujer que ayer muriera,
en manos de un sujeto cruel e inmundo.
Hoy me arrepiento por haberle permitido,
tantos años de angustia y vejaciones.
Y siento rabia por no haberme ido,
cuando tuve al alcance soluciones.

Ahora mis hijos quedaron sin la madre,
el tiempo atrás tal vez quieran volver,
sabrán que el asesino fue su padre,
y no podrán los motivos comprender.

Quizás me culpen a mí por no evitarlo,
y estoy segura que tendrían la razón,
fue cobarde y estúpido aguantarlo,
para que nunca perdieran la ilusión.

Soy tan solo un fantasma del pasado,
que el tiempo ha de borrar de su memoria.
Una foto que al azar le habrán mostrado,
para contarles de esta triste historia.

Solo queda de mí un expediente
guardado en anaqueles polvorientos.
Soy la mujer que ha muerto inútilmente,
por confiar en mentiras y lamentos.

Ahora soy solo un grito atormentado,
surgiendo de una tumba abandonada
soy un lamento que vaga desolado
en medio de las sombras y la nada.

Hoy busco penetrar los pensamientos,
de otras mujeres como yo golpeadas,
para pedirles que huyan de los violentos,
y no terminen como yo: ¡asesinadas!



María del Rosario Dardayrol

Y dicen

Si lo dejo, es porque tengo un amante.
Si no lo dejo, es porque me gusta que me golpeen.
Quien vive con un golpeador, es porque le gusta.
Son mujeres masoquistas
y el no te metas, o por algo fue,
son los mitos colectivos,
que se deben desmitificar.
Esa no es la realidad.
No hay causas que las justifiquen.
Las violencias son múltiples:
Físicas, psicológicas y sutiles.
Este es el grito de una mujer
que también fue golpeada
y no fue escuchada.




María Cristina Laviña

“Prisionera"

                       
                             
No sufras mujer en silencio
entre cuatro paredes desprovistas de colores
fiel testigo del padecer oculto.
Te han quitado el sentimiento puro
las ganas de crecer y de soñar.
No te dejes arrebatar lo más bello de la vida
que es la libertad.
¡Grita mujer!
Muy fuerte, debes ser valiente
ten la esperanza a flor de piel
libérate de la opresión que desangra y lastima.
¡Vive a tu manera!
Busca la felicidad.





Ana Unhold


Violencia de género
                                                    

Hay hombres que empiezan amando a una mujer
por lo que no es,
o tal vez, lo que creen ver.
Al fin, acaban descifrando
lo que ella es en verdad.
Un día confirman
que no están enamorados así como creían.

Al principio, halagan con besos su piel.
Luego, transcurren la indiferencia, la rudeza y el furor.
Por fin, la perforan a balazos, a cuchillo,
o la vuelven cenizas con el fuego.

Es instinto salvaje.
Los hombres eliminan aquello que no entienden.
Al halcón penetrante que vuela más alto,
hacen  morder el polvo.
A la más presta gacela,
 arrastran hacia la trampa.

Si es una radiante luciérnaga,
la abaten con el zapato.

Conjeturo un súbito proceso
para la crueldad masculina.

Asistimos a decenas
de hechos de destrucción  de mujeres por el fuego.
Ellos quieren que cambien de estado.
Destruir, reducir a cenizas.
El trabajo lo hace el fuego,
no  ellos.
No parece tener
un sentido simbólico ritual.
De esta suerte
extinguen la luz de un arco luminoso.
Y un abismo infinito
permanece abierto para siempre.




Isabel Aguinagalde


Grito de mujer

Tiene forma, color, sonido, fuerza,
la imagen de una confesión.
Capaz de empujar la voluntad
por corrientes sombrías persiguiendo la luz.
Un grito de mujer, auténtico,
testigo de necesidades ocultas,
temeroso a la hora de desnudar
el pecado que lo condena.
El pecado de callar la frustración,
la culpa de no pertenecer, y soñar con ser.
La ceguera involuntaria, el silencio quebrado
que guarda la cobardía humana.
Un grito de mujer que no se manifiesta,
pero admite el miedo, se rehúsa a despertar,
aún así, ama la libertad, la unión, el diálogo,
la palabra que vence a la violencia.
Un grito de mujer
que reniega de sus propias limitaciones,
su creencia, su sabiduría, el temor a descubrir
el fantasma que vive en la memoria.
Sin embargo existe, sangra bajo la piel,
en el hueco liberador del espíritu,
en la realidad cotidiana de su vida.
Existe… valiente, legítimo, renovador,
sensible, abierto, dispuesto a dar lucha
con la voz encendida que aguarda en las entrañas,
una nueva forma de comunicar el significado de ser mujer.





Elsa Caballero 


La noticia deseada

Yo era una flor silvestre nacida entre los trigales,
los grillos me adormecían con su cantos habituales.
Mientras cerraba los ojos miraba el cielo estrellado
que me cubría el cuerpo, con su gran manto dorado.

Un día pasaste tú, con suavidad me arrancaste,
acariciaste mis pétalos y con amor me abrazaste.
Me regabas por las noches con perfumada loción
y mi cuerpo estremecido estallaba de pasión.

Los dos vivíamos felices, todo era resplandor,
el sol siempre iluminaba nuestro nidito de amor
que se iba fortaleciendo mientras el tiempo pasaba,
y me sentí complacida con el amor que me dabas.

Pero  celos infundados un día te transformaron
y sobre mi cuerpo frágil, tus golpes me destrozaron.
Sin saber por qué razón procedías de esa forma
sentí que el piso cedía, en su endeble plataforma.

No salía de la casa por temor a tu agresión
y pronto sin yo desearla, me atrapó la depresión.
Hoy salí sin que supieras y volví emocionada
me dieron una noticia que por mí era anhelada.

Apenas abrí la puerta, me asestaste un golpe bajo
y sentí que la simiente era arrancada de cuajo.
Yo te imploré llorando que quería hablar contigo
tú ignoraste mis palabras y continuaste el castigo.

Mi cuerpo maltrecho, herido, ya no tenía ni aliento
pero con un gran esfuerzo proseguí con el intento
de que escucharas atento, la noticia tan deseada
que confirmó las sospechas, de que estoy embarazada.

Tú me golpeas con saña y mi cuerpo apuñalas
siento que ya me estoy yendo, que me están saliendo alas.
Cuando yo me haya ido sabrás que siempre te he amado,
no solo a mí me mataste, también, al hijo deseado.




Olga Elizabeth Charkchian/Zeytuntsian


Solo por ser mujer

Cuanto dolor siente una mujer
cuando el padre de sus hijos,
la golpea sin motivo y con crueldad
y ella…. sin defensa….soporta esa maldad.

Los hijos miran azorados
sin poder defender a esa madre
que sufre humillaciones cada día
que solo soporta por ellos
¿adónde irán si los echan a la calle?

Y a la calle los echaron
sin miramientos y sin culpa.
Por ese padre sin corazón
que se olvidó de ellos
y los dejo totalmente desamparados.

Pero ella luchó como una leona
soporto ofensas y dolores…
y por sus propios familiares
que no entendieron que ella…
No era de nada… culpable.

¿Adónde llega la maldad del ser humano?
Ofender por ofender y decir…
“yo soy un macho” ¡y te pego cuando quiero!
Solo sos una mujer…
y por eso no vales nada.

Pero la mujer tiene agallas…
que los hombres no tienen…
Sabemos… y con la frente bien alta
criar nuestros hijos con honor
y también sabemos decir: “basta”

Y basta dije un día y respiré
al alejarme de un (no sé cómo llamarlo)
porque hombre no es quien castiga a una mujer
que es de sus hijos la madre.

Pero eso no lo sienten, no lo ven,
existen otras cosas para ellos…
Solo la fuerza bruta que los invade.
Solo te muestran eso que es debilidad.
De hombres no tienen nada…
porque en ellos todo es falsedad.

De todo lo que he sufrido…
en mí no ha quedado nada…
ni odios ni rencores… solo lástima
por un ser que no pudo disfrutar de sus hijos
porque… la verdad… si tenía corazón…
nunca me di por enterada.

Pero la esperanza de una vida mejor
me mantuvo de pie y salí fortalecida.
Aprendí a fuerza de caídas,
que cada vez que me levantaba…
¡era más fuerte todavía!

Hoy puedo decir de verdad y con alegría
que vivo una vida apacible y feliz…
He dejado todo atrás sin rencores hacia nadie.
Amo y soy amada por mis hijos que me respetan
por mis amigos… que la verdad… son muchos
Dios me acompaña siempre
y cuando pongo mi cabeza en la almohada…
duermo tranquila.



Elisabet Cincotta


Esperanza


Ella se diluye entre tanto reproche
sostiene la copa de la desesperanza
la puerta se cierra
y cada postigo golpea
en su mente acusando
la inutilidad de sus manos

ella amanece
suspira
se canta
brillo hay en sus ojos
sueños de soles
la hamacan

ella se enfrenta
a un espejo amoratado
entonces grita
y su grito es un NO
esperanza

sus brazos se alzan

el cenit la encuentra
entre papeles
denuncias
y formularios

no le importa

se arma de calma
su NO es firmeza
su grito esperanza


María Elena García Giraldo


Al cerrar la puerta


Me arrancaste el alma desde las entrañas,
arrasando mi vida con duras palabras.
Hundiste tu odio hasta hacerme llagas
y dejarme echada sin poder hablar.

Jalaste mis sueños junto a mis cabellos;
marcaste mi rostro con soberbios golpes.
Me caíste encima masacrando amores
dejando a mis huesos deambulando pobres.

Me ocultaba en casa buscando rincones
donde hallar refugio, encontrar la calma.
Y sucumbía la paz ante tu llegada,
a la tensa espera de más moretones.

Desgarrada mi carne, sumisa, entregaba,
pensando que un día tu actuar cambiarías,
pero no había fin, nada te bastaba
y al verme rogando, de orgullo, te henchías.

Nada era importante, sólo esos ojitos,
que detrás del marco de la puerta, espiaban,
llorando con pena al verme marcada,
sus manos juntitas como si rezara.

Que ingenua, creía que te conocía,
que me amabas tanto, que mi libertad,
te entregué confiada en que la cuidarías
y la masacraste sólo por maldad.

Hoy lloro en silencio mientras que mis ojos
opacos se cierran, ya no se abrirán.
Cuida del pequeño, tan solo se queda,
le pido disculpas, ya no aguanto más.

Dile que lo adoro, que estaré en sus sueños,
peinaré sus rizos con soplos de amor,
no le hagas daño y jamás le muestres
ese lado oscuro de tu corazón.




Marta Beatriz Mangione


Eras mi amor


A veces me pregunto: ¿qué pasó con nuestro amor?
Y entonces recuerdo los años vividos junto a ti.
Cuantas veces perdone tus engaños,
si bien nunca peleábamos ya que siempre me callaba,
era por miedo a tus gritos que terror me causaban.
Tu mirada dura en mis ojos se clavaba
entonces mirando el suelo mis lágrimas secaba.
Y pasaron los años y mi amor se fue secando
ya nada era lo mismo que al principio de los años,
cuando te esperaba ansiosa que llegaras del trabajo.
Hoy siento abrir la puerta y mi cuerpo se estremece
deseando que no llegues a pelearme otra vez,
el acoso psicológico es peor que los golpes
vivir en armonía solo pido por favor.
Y así paso lo años entre llantos y mucho miedo
quiero irme de su lado pero el me amenaza
si te vas y me dejas te juro que te mato.
¿Qué mal ise en esta vida para merecer este castigo?
Si yo estaba enamorada y el amor me juraba,
¿Dónde está ese hombre que antaño conocí?
¿Dónde se quedó el amor que en el aire nos giraba?
Hoy vivo encerrada llorando sin consuelo
mi vida es una agonía y siento que me muero.




Vanina Rodríguez


Indiferencia


No me escuches aunque yo grite por dentro,
asegurando que aún hoy él es mi centro
y gran dueño de la llave de mi vida.
No me ignores cuando oculto mis heridas.
Si es mi amor, mi dolor, también mi creencia...
¿Ves que no necesito tu indiferencia,
perdida como yo estoy en este círculo?
Escondo que vivo en un drama mayúsculo.
No es a propósito, pues no lo controlo.
Me fui, y en sus filas de nuevo me enrolo.
Quizás, no me doy cuenta, no puedo, muero
en un miedo irracional, pero aún lo quiero.
Sé que no puedo estar sola y es mi todo.
Es mi verdugo, hundiéndome en el lodo.
No me escuches, antes de que sea tarde
y de su inocencia, cínico, haga alarde,
sorprendiendo a más de uno pero no a vos.
Paladines de la justicia inactivos
ven cómo encaja en el estereotipo.
Descreen de su fachada de buen tipo.
¿Entonces? Si está ganando la violencia,
no por mí, pero generemos conciencia.
Miento, encubro, como loca enamorada
si se tiñe de terror mi cuento de hadas.
No me escuches, si digo "estoy bien" fingiendo.
No me escuches, si ves que yo estoy sufriendo.




María Rosa Rzepka


Flor temprana aprisionada


¿Qué preguntas sin respuestas aprisiona tu mirada?
Solo por nacer mujer, tu integridad pisoteada
se vuelve espina en el pecho y es crucifijo la cama
en que muere día a día tu inocencia mancillada.

Al secreto de tus ojos ni un ciego en su encrucijada
puede dejar de sentirlo porque estremece hasta el alma.
Es el dolor de tu piel temprana flor manoseada,
ignorando tu pudor, engaño bajo las sábanas.

Cuando aparece en los diarios, trivial, la trata de blancas
solo puede imaginar el holocausto y la infamia,
la que vive como vos, de pies y manos atada.
Y las redes van creciendo y va muriendo la infancia.

Nadie puede predecir el final de la mordaza
aunque seguro en tu contra se inclinará la balanza.
De tanto escuchar insultos con la cabeza quemada
aceptas ser la culpable del destino que te amarra.

El secreto de tus ojos es tormenta desatada.
Es vergüenza que se oculta, basura que se disfraza.
Noche en la noche sin fin, purgatorio en que las faltas
le quemarán en la sangre a quienes hoy te desangran.   



Eliana Roiger


Magnetismo perverso


El magnetismo que irradiaba con su palabra
instaló el dulce sabor del deseo,
y entregada a los suyos
quedó despojada hasta de su sombra.

Irresistible seducción derramaba su sonrisa
y cautivó de prisa, ese corazón solitario,
que perplejo ante tanta osadía,
se disolvió con el soplo de una leve brisa.

Su avasallante aparición dominaba su mesura,
que perdida entre la nada,
quedó atrapada en  su perversa telaraña,
despojándola hasta de su ternura.

Hurgó en sus sentimientos,
escudriñó hasta en sus fantasías,
manipuló sus hilvanados pensamientos
con perspicaz sutileza.
Absorbió su vida entera...
Solo después, la desechó repentinamente
por tener su alma vacía.




María Bertilia de Sousa Custodio


Violencia de género
    

     La conocí hace muchos años, siempre bien arreglada, su ropa impecable como si fuese de paseo. Aunque lo tomaba como tal, en realidad lo que hacía eran las compras diarias para preparar los ricos manjares para su familia.

     Siempre con una sonrisa y amabilidad con todos sus vecinos. A sus hijos y a su esposo los atendía con amor, les brindaba todo su tiempo, se desvivía por brindarles lo mejor. Se sentía feliz cumpliendo su deber.

     Tan entregada estaba a su rol de buena esposa y madre,  que no advirtió que algo estaba sucediendo. Su esposo comenzó a faltarle en algunas atenciones que solía tener a diario, ya no se mostraba tan cariñoso ni con ella, ni con sus hijos.

     Ya fue tarde cuando se dio cuenta, pues quien fue su gran amor la había traicionado. Fue muy grande su dolor, aún más cuando  ella le comunicó que ya lo sabía… fue brutal la violencia verbal que el esposo tuvo hacia su persona, humillándola delante de sus hijos.
     Luego de la separación, él fue detrás de otras mujeres, despilfarró todo lo que tenía y quedó sin nada. Ella, en cambio, vive rodeada de sus hijos, a quienes supo educar con mucho sacrificio para que lograran obtener un título universitario.

     Pero la vida nos da sorpresas: esta buena mujer hoy cuida  en su casa al hombre que la traicionó, que la humilló, que la maltrató verbalmente en su juventud delante de sus hijos pequeños. El hombre que tanto amó está postrado en una cama, imposibilitado, hasta para llevarse la comida a la boca.

     Ella no pudo pagarle con la misma moneda, la irreproducible… violencia de género.
                                                                 



Carlos A. Sorini
   

La carta del destino


Con los silencios del encierro de una vida maltratada.
Con los moretones negros y un alma atormentada,
creyéndose culpable por una elección equivocada.
¿Por qué sufrir castigo de una mano que antes acariciaba?
¿Qué le pasó a este señor, en el que ella esperanzaba?
Está enfermo de locura, de prepotencia infinita,
cree ser el dueño y señor de una situación maldita.
Solo creada por él, con celos infundados,
con ansias de un poder quién sabe de dónde heredado.
Infundiendo el terror, con golpes y palabras,
empujando hacia un rincón a quien fue un día su enamorada,
no dándole oportunidad ni de maquillar su cara.
Pero llegará la justicia un día de sol pleno,
alguien brindará una caricia a ese corazón bueno.
El destino como juez tiene una carta entre sus mangas,
se la entregará a la mujer, la que brindaba su alma
sin importar lo que ocurriese, con quien usaba la daga.
El desenlace se acercó, agazapado como un fantasma,
y esto sucedió:

Subido al caballo de los miserables, creyéndose invencible, desbarrancó un día y se dirigió hacia el precipicio, donde un frío temblor heló su sangre, y ya en contacto con el abismo solo se puso a implorar que Dios lo ayude…

Dios, advertida esta plegaria, decide llamar al número 666, pidiendo hablar con el Diablo. Cuando se comunica con éste, le dice: escucha Lucifer, hay aquí un fulano, aprendiz de cobarde, que traspasó los límites de tu territorio. Necesito que te lo lleves de vuelta, aquí no lo necesitamos, te pertenece, no quiero que sufra un desarraigo. Por favor, llévatelo… “está tapando una luz blanca”





Elizabeth Edith Moralejo
(de una Jovencita)

De repente se escucha la puerta,
El estruendoso sonido de las llaves en su mano temblorosa
Y como un galope furioso,
Su pie golpeando con violencia el suelo.
Las llaves y su pie, como una horrenda percusión sincopada y ruidosa.
A más de veinte pasos está y ya escucho su voz mascullando  insultos,
Y esa respiración furiosa como un bufido… me hiela el alma.
Gira el picaporte, un brusco empujón y puedo saber que ya entró.
Dejo mis cosas, me acerco y lo saludo con una voz apenas audible…
Él: NADA
Sé que tengo que reprimir estas ganas de llorar, él no quiere que llore
De hecho:
Él no quiere que llore, no quiere que ría, ni siquiera que hable si no lo permite.
Soy un maniquí, un maniquí que lava, plancha, cocina y cose.
Soy quien mantiene su casa limpia y su estómago lleno.
Así lo hago feliz, para que él me ame
Ay! Se levantó, ¿Qué querrá? ¿Tendrá frio? ¿Hambre?
No…
-Amor?- pronuncio en su espalda
Pero una fuerza me baja a la tierra
Más bien me baja al suelo.
Me duele, levanto la mano, la guio hasta mi rostro
Se siente el calor de su golpe quemando mi cara
Y el frio salado de mis lágrimas…
Insultos, culpas y demás espantos escupidos, todos, a gritos sobre mí
Que es el trabajo, que lo molesto, que no lo entiendo
Pero siempre lo am{e, todo lo que hice fue porque lo amaba
Tres insultos, su mano sobre mí, dos insultos más y un empujón
Ni siquiera sé por qué los estoy contando
“yo, yo y yo, y eres mía” es lo que puedo resumir…
-Perdón- me dice, un portazo y desaparece
Él allá, y yo acá
Primero un pie, luego el otro…
-me duele todo-
…un pie y el otro, anda, camina…
Y al llegar al espejo, me veo
“él no es así, pero debes ser fuerte, ya se le pasará”
Me consuela mi conciencia
Pero aunque no fuese la primera vez…
Mi esperanza se hizo añicos,
Mis sueños hechos polvo, y mi amor por él…
Mi amor por él, HOY, estaba tan maltrecho como mi rostro
Y mi cuerpo…
Pero este anillo ya me quema el dedo, me quema como mi cara
Parece la entrada a mi miseria
Y procuro sacar lo que queda en mí de amor por él
Lo saco en cada lágrima que se me cae
¿Tanto esperé para que lo viera tan claro?
Pero no más…
Allá la tristeza, allá la alianza, allá él y su intento de hombría barata
Pero… HOY, yo acá… libre
Un portazo, y salí.





Néstor Loza

Mujer

“A mayor talento en la mujer, mayor indocilidad”
William Shakespeare


Es que se está emancipando por sus propios fueros, desechando el seudo sexo débil.

Siempre te sometieron y fuiste el puntal y la utilidad del hombre, tú te forjaste en silencio, te venías gestando pero éste se llevó los laureles, fuiste el harén de los poderosos, o sea, la utilidad de todo y para todo, pero tu fuerza talentosa y harta de ser relegada y menoscabada, rompiendo con el machismo absurdo, emerges lúcida y esplendorosa.

Pero es justo que así sea; tu emancipación llega en hora buena, en vuestras mentes de mujer, que son paradigmas de amor, pueden revertir este supuesto erial, que debió ser sinónimo de fecundidad social y moral.

Yo no digo indocilidad, sino emancipación gestada en el tiempo, tantas célebres mujeres que plasmaron su historia y la de los pueblos a los que pertenecieron colmándolos de gloria y honor.

No subestimemos la real valía de estas heroínas de la vida, ni usufructuemos sus laureles, depongamos el primer puesto, demos un paso al costado y pongamos nuestro emblema de vida, donde siempre debió estar, en fusión recíproca, así se potencian los dos.

Estamos olvidando que nuestra madre, está dentro nuestro genéticamente y nos está transmitiendo su bondad emulando a la abeja, una abeja reina pariendo a la humanidad.

Mujer, madre, bastaría para decir todo, pero no, porque el todo da para lo infinito.



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1 comentario:

  1. Va también el agradecimiento de todos mis "Duendes" del Grupo Literaro "Almafuerte", que estuvieron presentes en el Festival, y el de mis colaboradoras directas: Elisabet Cincotta y Marta Beatriz Mangione.

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